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LA INFANTILIZACIÓN DE LA POBREZA EN ARGENTINA
Según números del INDEC el 56,4% de los menores de 18 años son pobres (7.730.708) y el 23,6% son indigentes (3.234.835). El Instituto de Formación de la CTA, actualizó estos datos que provienen de la encuesta de gasto de los hogares realizada por el INDEC en el año 1988, con datos de la realizada por el mismo organismo durante los años 1996/97.
Datos que hablan. La medición de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se sigue haciendo con la información proporcionada por la encuesta de gastos de los hogares correspondiente al año 1988. Tal como lo señala el informe de la CTA, en “un país donde casi la mitad de la población es pobre y donde la mitad de la pobres son pibes”, la actualización de los parámetros de consumo de la población que sirven para medir la línea de la indigencia, con la información provista de la ENGH 96/97 (Encuesta Nacional de Gastos de Hogar), arrojaría un importante incremento en la taza de pobreza y de indigencia. La misma pasa del 15% al 17%, un incremento de la tasa del orden de 13,3%. La cantidad de indigentes ascendería a 6.605.168, es decir 777.079 indigentes más que la actual medición.
Como bien señala el propio documento del INDEC una de las principales falencias de la metodología actual en relación a la canasta básica total que fija la línea de la pobreza es que la misma al considerar los bienes y servicios no alimentarios de manera indirecta, no considera el gasto en alquileres de los hogares.
Una postura intermedia entre considerar o no los gastos en alquileres es calcular dos líneas de pobreza, la primera que no incorpore a los alquileres para aquellos que son propietarios de sus viviendas (el 74% de las personas captadas por la EPH) y sí considerar los gastos en alquiler para los inquilinos (el 26% restante). Con estas consideraciones, la tasa de pobreza pasaría al 44%, es decir 3,8% superior a la tasa actual. Los pobres pasarían a ser 17.095.730, es decir 1.476.449 por arriba de los que actualmente son considerados pobres.
La pobreza y la Indigencia en los menores. Viendo la población menor de 18 años total, pobre e indigente por provincia según la metodología actualizada, el cambio no es menor. En lugar de 7.700.000 menores pobres pasamos a ubicarnos en una franja (a nivel nacional) que oscila entre 8.300.000 y 9.600.000.
No hay derrame que valga. La “infantilización de la pobreza” es el rasgo central de una Argentina impresentable desde un punto de vista ético y moral. Es también la clave para interpretar la realidad destruyendo las falacias del neoliberalismo o del actual discurso neodesarrollista (Lavagna) que, bajo otra modalidad pretende reinstituir la vieja y falsa teoría del derrame.
Desde un punto de vista estrictamente económico, que más de la mitad de la población infantil sea pobre supone que en el futuro la capacidad de producción por hombre en nuestro país será menor. (...)
Este crudo señalamiento debe ser puesto en línea con una evidencia objetiva. Argentina no es un país africano ni un país asiático como Nepal. Su capacidad económica no justifica lo que ocurre. La sola comparación de lo que consumen hoy los hogares argentinos con el valor actual de la canasta de pobreza indica que en Argentina los hogares consumen lo suficiente como para que 110 millones de personas no sean pobres. Si somos 37 millones de habitantes y 16 millones de pobres, esto quiere decir que mientras algunos hogares se quedan con muchas canastas, otros no tienen ninguna.
Asignación Universal por Hijo. El problema argentino es la profunda desigualdad en el funcionamiento económico. Hay un déficit en la forma en que el representante del interés público (el Estado) realiza sus modos de intervención en el proceso de producción y distribución de la riqueza nacional.
Hace tiempo, desde la CTA y en el marco del Frente Nacional contra la Pobreza, hemos propuesto un modo concreto de intervenir en la situación de los pibes. Dijimos que es imprescindible reemplazar el actual sistema de Asignaciones Familiares (que paga a los pibes sólo si el padre es un trabajador registrado) por la vigencia de una Asignación Universal por Hijo que se entregue articulada con el chequeo sanitario durante los primeros años de vida del chico y vinculada a la participación en el ciclo escolar durante el resto. Esto permitiría transferir ingresos de manera universal al conjunto de los hogares y al mismo tiempo posibilitaría impactar progresivamente sobre los más necesitados ya que mientras el promedio de hijos por hogar es para el conjunto de la población de 1,1, para los hogares pobres es de 2,6 y para los indigentes de 3.
Ingresos, salud y educación para nuestros pibes constituyen la verdadera clave para afirmar el futuro en la Argentina. En esta dirección hemos presentado en el Parlamento Nacional un proyecto que sostiene que el Estado argentino puede comenzar hoy mismo a pagar $ 60 por hijo y puede también generalizar la ayuda escolar anual de $ 130. Para hacerlo se requiere invertir $ 8.718 millones, y durante el 2005 el Ministerio de Economía ya sabe que recaudará $ 10.000 millones de pesos más que los que se presupuestaron. Impulsar esta medida implica invertir el 7% de lo que gastan hoy el estado Nacional, los Estados Provinciales y Municipales, en esta prioridad. Es factible, se puede hacer ya y significaría que habría 2.100.000 pobres menos y 3.300.000 indigentes menos.
Agencia Rodolfo Walsh
Extractado del Boletín Nueva Tierra Nº 162, Agosto 2005
Fuente: Claudio Lozano, Ana Rameri, Tomás Raffo. “El Hambre es un crimen”.
La Infantilización de la Pobreza en Argentina. Informe CTA, 29/06/05.
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